Tabárez, el maestro que siempre creyó en el método
Creyente en su método y de oídos sordos a las críticas, Óscar Washington Tabárez marcó una etapa en la selección uruguaya, donde pocas veces se lo vio levantar la voz.
Líder del proceso que devolvió a la Celeste a lo más alto del fútbol mundial, el entrenador llevó a cabo una labor admirada y elogiada por propios y extraños que ha concluido con el sinsabor de los malos resultados obtenidos en las eliminatorias del Mundial 2022.
El cuarto puesto obtenido en el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Copa América conquistada en 2011 llevaron a que los más chicos cambiaran sus camisetas de equipos europeos por las celestes de Diego Forlán, Luis Suárez o Edinson Cavani.
Hasta los 12 años, Tabárez nunca pisó una cancha. Jugó en un campo baldío, en la calle y en el hormigón. En esa época no existía ese baby fútbol del que el entrenador siempre habló maravillas.
“En algún partido de baby fútbol va a haber un jugador que en poco tiempo va a estar en la selección de Uruguay, porque todos los que han estado han pasado por el baby fútbol. De ahí salen los grandes jugadores, de ahí nacen los sueños, de ahí nace la cultura futbolística, de ahí nace este proyecto de selecciones”, señaló durante una entrevista con Efe en 2020.
Las divisiones menores de Uruguay le dieron en 1983 su primer título en unos Juegos Panamericanos. Cuatro años después, como entrenador del Peñarol levantó la Copa Libertadores al derrotar en la final al América colombiano.
Tras pasar por Colombia, Argentina, España e Italia, el Maestro retornó en 2006 a ocupar el cargo de entrenador de la selección uruguaya, ese que ya había ejercido entre 1988 y 1990.
Tras cuatro años sin trabajar, volvió a ejercer una profesión que, desde su punto de vista, tiene puntos en contacto con la docencia. “Los dos conducen grupos, tratan personas y se deben ocupar de la individualidad de esas personas”, aseguró en el mencionado libro.
Ese fue el comienzo de un largo proceso de 15 años en el que el respeto y la solidaridad fueron tan importantes como el trabajo con los juveniles.
Allí el Celeste fue un color que unió a gran parte de los uruguayos, que llenó estadios partido a partido. No obstante, Tabárez también recibió críticas por parte de los que nunca compartieron la forma de jugar de la selección.
Pese a esto, el director técnico siempre confió en su método ya que para él, “el éxito no son solo resultados, sino las dificultades que se pasan para obtenerlos y la lucha permanente, y el espíritu de plantearse desafíos, y también la valentía para superarlos”.
Así lo afirmó en 2010, durante un discurso en el que pronunció tal vez su frase más famosa: “El camino es la recompensa”




