Se cumplen 109 años de los terremotos y la erupción volcánica que devastaron San Salvador
Los sismos, que alcanzaron una magnitud estimada de 6.7, destruyeron gran parte de la capital y afectaron localidades como Mejicanos, Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, Suchitoto, San Juan Opico, El Paisnal, Santa Tecla, Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos, Caluco y San Vicente, entre otros.

Este domingo 7 de junio se conmemoran 109 años de una de las mayores tragedias naturales registradas en la historia de El Salvador, particularmente de la capital y sus alrededores. Fue la noche del jueves 7 de junio de 1917, coincidiendo con la celebración de Corpus Christi, tres fuertes terremotos de origen volcánico sacudieron el país entre las 6:00 de la tarde y las 7:00 de la noche, provocando graves daños en San Salvador y otros municipios cercanos.
Los sismos, que alcanzaron una magnitud estimada de 6.7, destruyeron gran parte de la capital y afectaron localidades como Mejicanos, Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, Suchitoto, San Juan Opico, El Paisnal, Santa Tecla, Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos, Caluco y San Vicente, entre otros. Se estima que los terremotos causaron la muerte de aproximadamente 1,050 personas.
Días después de los movimientos telúricos, se produjo la erupción del volcán de San Salvador. El fenómeno incluyó la actividad del cráter secundario de Los Chintos y la evaporación de la laguna de El Boquerón. La erupción generó coladas de lava, lahares y flujos piroclásticos que provocaron la muerte de unas 1,100 personas adicionales, según los registros históricos.
La actividad volcánica también causó severos daños económicos y ambientales. La principal zona cafetalera del departamento de La Libertad fue destruida casi en su totalidad, mientras que extensas áreas de montaña, pastizales y viviendas quedaron cubiertas por la lava. El desastre afectó a miles de familias y transformó el paisaje de amplias zonas del departamento de La Libertad.
El proceso eruptivo se prolongó durante aproximadamente cinco meses y finalizó en noviembre de 1917. Más de un siglo después, estos acontecimientos siguen siendo recordados como uno de los episodios más devastadores de la historia salvadoreña y un recordatorio de la constante amenaza sísmica y volcánica a la que está expuesto todo el territorio nacional.







