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Jesuitas: la historia de la orden fundada por Ignacio de Loyola que llegó hasta el papado

La historia de la orden comenzó en 1534, cuando Ignacio de Loyola y un grupo de compañeros, entre ellos Francisco Javier y Pedro Fabro, realizaron votos religiosos en Montmartre, París.

El 27 de septiembre de 1540, el papa Paulo III aprobó oficialmente la Compañía de Jesús, la orden religiosa fundada por Ignacio de Loyola y conocida mundialmente como los jesuitas. Desde entonces, sus miembros han desarrollado labores de evangelización, educación y servicio en distintos países.

La historia de la orden comenzó en 1534, cuando Ignacio de Loyola y un grupo de compañeros, entre ellos Francisco Javier y Pedro Fabro, realizaron votos religiosos en Montmartre, París. Seis años después, la Compañía de Jesús recibió el reconocimiento oficial de la Iglesia Católica mediante la bula Regimini militantis Ecclesiae.

Ignacio de Loyola había sido soldado español antes de su conversión religiosa, y esa experiencia influyó en la organización y disciplina que caracterizaron a la nueva orden. Los primeros jesuitas asumieron votos de pobreza, castidad y obediencia, además de un compromiso especial de obediencia al papa, lo que contribuyó a que fueran descritos como una especie de “tropa espiritual”.

Desde sus primeros años, la Compañía de Jesús centró su misión en la evangelización, la educación y las misiones. Ignacio de Loyola también desarrolló los Ejercicios Espirituales, una metodología de oración y discernimiento que se convirtió en uno de los pilares de la espiritualidad jesuita.

La presencia de los jesuitas se extendió por distintos continentes y, siglos después, alcanzó una relevancia histórica dentro de la propia Iglesia Católica. En 2013, Jorge Mario Bergoglio, miembro de la Compañía de Jesús, fue elegido papa con el nombre de Francisco, convirtiéndose en el primer pontífice jesuita de la historia.

A casi cinco siglos de su fundación, la Compañía de Jesús continúa identificándose con valores como el discernimiento espiritual, la formación académica y el servicio, elementos que marcaron desde sus orígenes la misión de una orden cuya historia estuvo profundamente influida por la experiencia de su fundador como soldado.

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